Esta guía responde con datos a las dos dudas más habituales al elegir ventanas en la Costa del Sol: si el PVC se deforma con el calor y si el aluminio resiste el salitre. Repasa lo que exigen las normas UNE-EN 12608 y Qualicoat Seaside, compara ambos materiales en aislamiento, mantenimiento y durabilidad, y aclara en qué casos conviene cada uno.
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Quien cambia las ventanas de una casa en la Costa del Sol acaba, tarde o temprano, delante de las mismas dos dudas. La primera suele llegar por un comentario de un vecino o de un foro: ¿se deforman las ventanas de PVC con el sol? La segunda aparece en cuanto uno ve una barandilla picada por el salitre: ¿de verdad aguanta el aluminio a pocos metros del mar?
Las dos preguntas tienen respuesta, y ninguna es un sí o un no rotundo.
¿Se deforma el PVC con el sol? Un perfil de PVC de calidad, fabricado para clima severo, con el refuerzo que marca el fabricante y bien instalado, no se deforma con el sol de Málaga. Lo que sí hace es dilatarse, bastante más que el aluminio, y ese movimiento está previsto en el diseño del sistema. Los problemas reales aparecen en situaciones concretas: colores oscuros sin la tecnología adecuada, hojas grandes con refuerzo insuficiente o una instalación que no deja al perfil espacio para moverse.
¿Se corroe el aluminio junto al mar? El aluminio no se oxida como el hierro, pero el ambiente marino sí lo ataca, sobre todo por dos vías: la corrosión galvánica, cuando está en contacto con tornillería de otro metal, y la corrosión filiforme, que avanza por debajo de la pintura. Las dos se evitan con decisiones de especificación que conviene exigir por escrito: tornillería de acero inoxidable aislada del perfil y un acabado lacado con certificación Qualicoat Seaside o un anodizado de espesor adecuado.
A partir de aquí, el detalle: por qué ocurre cada cosa, qué dicen las normas y en qué casos tiene más sentido un material u otro.
¿Se deforman las ventanas de PVC con el sol?
Primero, los datos: cuánto calor hace en la Costa del Sol
Hablar del «sol de Málaga» en abstracto no ayuda mucho, así que conviene ponerle cifras. Según los valores climatológicos normales de AEMET para el observatorio de Málaga Aeropuerto (periodo 1981-2010):
- 2.905 horas de sol al año.
- 30,8 °C de temperatura máxima media en agosto y 30,5 °C en julio.
- 65 % de humedad relativa media anual.
A eso se suma el terral, el viento seco y caliente que baja hacia la costa desde el interior. Con terral, ese mismo observatorio registró 44,2 °C el 19 de julio de 2023.
Pero para una ventana la cifra que importa no es la temperatura del aire, sino la del propio perfil. Una superficie expuesta al sol directo se calienta muy por encima del aire que la rodea, y cuanto más oscura es, más se calienta.
Cuánto se dilata realmente un perfil de PVC
Todos los materiales se dilatan con el calor. El PVC rígido que se usa en ventanas lo hace más que los metales: su coeficiente de dilatación lineal está en torno a 0,06-0,08 mm por metro y por grado. El aluminio se queda en unos 0,024 mm por metro y grado, es decir, entre dos veces y media y tres veces menos.
Traducido a una ventana: si un perfil de 2 metros pasa de una madrugada de verano a media tarde con sol directo y su temperatura sube 30 °C, el PVC se alarga entre 3,6 y 4,8 mm. Un perfil de aluminio de la misma longitud se alargaría unos 1,4 mm.
Esos milímetros no son un defecto, sino física pura, y el movimiento es reversible: cuando el perfil se enfría, recupera su medida. Un sistema de PVC serio está diseñado contando con ello. El problema empieza cuando alguien no lo tiene en cuenta: en la elección del color, en el refuerzo o en la instalación.

El límite de la norma: 75 °C de temperatura Vicat
La norma europea que regula los perfiles de PVC para ventanas, la UNE-EN 12608, exige que el material tenga una temperatura de reblandecimiento Vicat de al menos 75 °C (método B50). Es la temperatura a la que una aguja normalizada, con una carga de 50 N y un calentamiento de 50 °C por hora, penetra 1 mm en el material.
No es la temperatura a la que la ventana «se derrite», ni mucho menos. Es una referencia técnica del punto en el que el plástico empieza a perder rigidez. Un perfil blanco al sol queda holgadamente por debajo. Una superficie oscura bajo el sol de agosto puede acercarse bastante más a esa zona, y por eso los colores oscuros tienen reglas propias.
La misma norma clasifica los perfiles según su resistencia a la intemperie en dos zonas climáticas: M (clima moderado) y S (clima severo). La zona moderada corresponde a lugares con una radiación solar anual inferior a 5 GJ/m² sobre superficie horizontal. La Costa del Sol supera ese umbral con holgura, así que lo razonable aquí es exigir perfiles de clase S.
Blanco frente a colores oscuros: donde empieza el riesgo
El color es la variable que más cambia el comportamiento del PVC al sol. Para medir cuánta radiación refleja una superficie, la parte 2 de la norma (UNE-EN 12608-2, dedicada a los perfiles foliados) usa como referencias una placa de PVC blanco con una reflectancia solar directa igual o superior al 73 % y una placa negra con 5 % o menos. La diferencia entre ambos extremos explica por qué un perfil blanco y uno negro, uno junto al otro, pueden estar a temperaturas muy distintas.

En las láminas decorativas que dan color al PVC, la norma indica que la reflectancia solar suele ser superior al 20 %, y que las láminas por debajo de ese valor solo deben usarse siguiendo las recomendaciones del fabricante del perfil.
Un color oscuro al sol tiene dos efectos:
- Más dilatación, porque el perfil alcanza más temperatura.
- El llamado efecto bimetal. La cara exterior, al sol, se calienta mucho más que la interior, que está a la temperatura de la vivienda. Una cara se alarga más que la otra y la hoja tiende a curvarse ligeramente. Es el mismo principio de una lámina bimetálica de termostato.
Por eso los fabricantes de sistemas publican reglas específicas para los colores oscuros: qué láminas se admiten, qué refuerzo es obligatorio y qué dimensiones máximas de hoja se permiten en cada caso.
Qué hacen los fabricantes para que el perfil no se mueva
Refuerzo metálico interior. Las cámaras de los perfiles de PVC llevan en su interior un refuerzo de acero galvanizado, cuyo tipo y espesor se eligen según las dimensiones de la hoja, su peso y el color. El refuerzo aporta rigidez frente a la flexión, al viento y al efecto bimetal. Conviene no sobrevalorarlo: reduce la dilatación del conjunto solo ligeramente, no la elimina. Su función principal es que el perfil mantenga su forma.
Formulación para clima severo. Los perfiles de clase S están ensayados para resistir la radiación ultravioleta de zonas soleadas sin perder sus propiedades ni su color.
Láminas con pigmentos reflectantes del infrarrojo. Parte del calor del sol llega como radiación infrarroja, que no vemos. Algunas láminas de color incorporan pigmentos que la reflejan aunque el color siga siendo oscuro. Según datos del fabricante VEKA para sus láminas de este tipo, estos pigmentos reflejan hasta el 80 % de la radiación infrarroja cercana y reducen el calentamiento de la superficie hasta en 15 °C.
Holguras de instalación. Entre la ventana y la obra debe quedar una junta perimetral que absorba la dilatación, y las fijaciones deben permitir ese movimiento. En perfiles oscuros, las holguras recomendadas son mayores.
Mito y problema real: cómo distinguir uno de otro
El mito: «el PVC se comba al sol y a los pocos años las ventanas no cierran». Con un perfil blanco o claro de clase S, reforzado según las tablas del fabricante e instalado con sus holguras, esto no ocurre. Buena parte de esa fama viene de generaciones antiguas de perfiles y de productos de baja calidad sin certificación.
El problema real existe, pero tiene causas concretas:
- Colores oscuros con láminas sin tecnología reflectante en fachadas sur y oeste.
- Hojas de gran tamaño, sobre todo en correderas, con refuerzo por debajo de lo que exige el sistema.
- Instalaciones rígidas: fijaciones sin holgura o espuma de poliuretano que presiona el marco.
- Perfiles que no cumplen la UNE-EN 12608 o que están formulados para clima moderado.
Los síntomas típicos son una hoja que roza al cerrar a media tarde y cierra bien por la mañana, juntas que no pisan de forma uniforme o una manilla que cuesta girar en las horas de más calor. Si el problema aparece y desaparece con la temperatura, estamos ante un movimiento térmico, no ante una rotura del material. Aun así, conviene revisarlo: los ciclos repetidos cargan las soldaduras de las esquinas y los herrajes.
¿Se corroe el aluminio junto al mar?

Por qué el aluminio no se «oxida» como el hierro
En contacto con el aire, el aluminio forma de manera natural una película de óxido de aluminio de apenas unos nanómetros de espesor. A diferencia del óxido de hierro, que es poroso y se desprende, esta capa es compacta, protege el metal que tiene debajo y se regenera sola si se raya.
El problema en la costa son los cloruros. La sal que transporta la brisa marina rompe esa película en puntos concretos y provoca corrosión por picaduras: pequeños cráteres acompañados de un polvo blanquecino. El aluminio sin protección se degrada así en ambiente marino. La norma ISO 9223, que clasifica la corrosividad de la atmósfera, sitúa las zonas costeras con depósito de sal en sus categorías más altas.
Por eso en la costa el aluminio de una ventana siempre debe llevar un acabado protector. Y aun con un buen acabado, hay dos mecanismos de corrosión que conviene conocer.
Corrosión galvánica: cuando el culpable es el tornillo
La corrosión galvánica aparece cuando se juntan tres condiciones:
- Dos metales distintos en contacto eléctrico, por ejemplo un perfil de aluminio y un tornillo de acero.
- Un electrolito, es decir, humedad con sales disueltas. En la costa, la propia película de salitre sobre las superficies cumple ese papel.
- Una diferencia de potencial entre ambos metales.
Se forma entonces una pequeña pila, y el metal menos noble se disuelve en beneficio del más noble. En esa pareja, el aluminio suele salir perdiendo frente al acero al carbono, el acero inoxidable, el cobre o el latón.
La gravedad depende de la diferencia de potencial entre los metales, del tiempo que la unión permanece húmeda y de la relación de superficies entre ambos. La costa agrava el segundo factor: la sal depositada absorbe humedad del aire y mantiene la unión mojada mucho más tiempo que en el interior.
Dónde aparece: tornillos de fijación a obra, anclajes, remaches, herrajes, contacto con premarcos de acero y escorrentías de agua que arrastran iones de cobre desde vierteaguas o bajantes.
Cómo se evita:
- Tornillería de acero inoxidable A4 (AISI 316), que por su contenido en molibdeno resiste mejor los cloruros que el A2 (AISI 304).
- Separación eléctrica entre tornillo y perfil mediante arandelas o casquillos aislantes de nailon o EPDM, o pastas específicas.
- Nunca usar en la costa tornillos de acero cincado o bicromatado en contacto con el aluminio.
- Evitar el contacto directo con cobre y latón.
Corrosión filiforme: el enemigo que avanza bajo la pintura
Es la más traicionera, porque empieza donde no se ve. Se manifiesta como filamentos finos, parecidos a hilos o a patas de araña, que avanzan por debajo del lacado y lo levantan. Arranca en puntos donde la capa de pintura tiene una discontinuidad: cantos de corte, taladros, ingletes o rayaduras. Encuentra sus condiciones ideales en ambientes cálidos, húmedos y con sal. Es decir, en el litoral mediterráneo.
La clave de la corrosión filiforme no está en la pintura, sino en lo que hay debajo. Si la superficie del aluminio no se ha preparado a fondo antes de lacar, el acabado puede verse perfecto el primer día y fallar años después. De ahí nace la certificación Seaside.
Qualicoat Seaside: qué exige y por qué importa en la costa mediterránea
Qualicoat es el sello de calidad internacional para el lacado de aluminio en arquitectura. Dentro de él, Seaside es una mención adicional pensada precisamente para zonas costeras y ambientes con cloruros. Estas son sus exigencias, según las especificaciones Qualicoat vigentes (edición 2024):
Decapado reforzado. Antes de lacar, el aluminio se somete a un decapado químico que elimina una capa de su superficie. En el pretratamiento estándar Qualicoat, el decapado total debe ser de al menos 1,0 g/m². Para Seaside se exige al menos 2,0 g/m², el doble. Al retirar más material se eliminan las impurezas acumuladas en los bordes de grano del metal, que es justo por donde tiende a avanzar la corrosión filiforme.
Alternativa del preanodizado. El lacador también puede aplicar una fina capa anódica previa, de entre 4 y 10 micras, antes de la pintura. Este pretratamiento otorga la mención Seaside de forma automática.
Ensayos periódicos de corrosión filiforme. Los lacadores con mención Seaside pasan controles regulares sobre producto terminado según la norma ISO 4623-2. Las probetas se rayan, se exponen a ácido clorhídrico y pasan 1.000 horas a 40 °C y 82 % de humedad relativa. Para aprobar, el filamento más largo no puede superar 4 mm y la longitud media, 2 mm.
A esto se suman las exigencias generales de Qualicoat para cualquier lacado: un espesor mínimo de 60 micras para las pinturas en polvo de clase 1 y 2 (50 micras en clase 3) y resistencia a 1.000 horas de niebla salina acética (2.000 horas en clase 3).
Un detalle práctico que evita muchos malentendidos: Seaside certifica al lacador, no a la pintura. Una pintura «apta para Qualicoat» aplicada en un taller sin esa mención no ofrece la misma garantía. Lo que hay que pedir es el certificado del lacador con la mención Seaside en vigor.
Anodizado: protección sin pintura
El anodizado es otra forma de proteger el aluminio. En lugar de aplicar una capa encima, se hace crecer de forma controlada, mediante un proceso electroquímico, la propia capa de óxido del metal, que después se sella. La protección forma parte del aluminio y no puede despegarse como una pintura.
El sello de referencia es Qualanod, que clasifica el anodizado por su espesor mínimo. Para ambientes agresivos, como el marino o el industrial, se utilizan las clases 20 y 25, con 20 y 25 micras de espesor mínimo respectivamente.
Tiene sus limitaciones: la gama de acabados es más reducida que la del lacado (tonos plata, bronces, negros) y una rayadura profunda no se retoca con la misma facilidad.
PVC y aluminio frente a frente en clima costero
Aislamiento térmico y eficiencia energética
Aquí la física es muy clara. Según los valores de referencia de la norma UNE-EN ISO 10077-2, la conductividad térmica del PVC es de 0,17 W/(m·K) y la del aluminio, de 160 W/(m·K). El aluminio conduce el calor casi mil veces mejor que el PVC.
Por eso una ventana de aluminio moderna necesita rotura de puente térmico (RPT): unas pletinas de poliamida reforzada con fibra de vidrio, con una conductividad de 0,30 W/(m·K), que separan la parte exterior del perfil de la interior e interrumpen el paso del calor. Sin RPT, el marco de aluminio es un puente térmico; con ella, el sistema cambia por completo.
El PVC aísla por naturaleza, y sus perfiles multicámara refuerzan ese efecto. A igualdad de gama, un marco de PVC suele aislar más que uno de aluminio. Los sistemas de aluminio con RPT de gama alta reducen mucho esa diferencia.
En cuanto a la normativa, Málaga capital está en la zona climática A3 del Código Técnico de la Edificación, y el valor límite de transmitancia para huecos en zona A es de 2,70 W/(m²·K). Tanto un buen PVC como un aluminio con RPT cumplen ese límite sin problema. En un clima donde el esfuerzo energético se concentra en refrigerar, además, el vidrio (su factor solar y su control del sol) pesa tanto como el marco en el confort de verano.
Comportamiento con calor extremo y terral
PVC: se dilata más y, en colores oscuros, necesita láminas reflectantes, refuerzo y holguras adecuados. En blanco o tonos claros, el calor de la costa no supone un problema.
Aluminio: se dilata menos, no pierde rigidez a las temperaturas de uso de una ventana y soporta mejor los colores oscuros en fachadas muy soleadas. Eso no significa que no se caliente: un perfil antracita al sol quema al tacto, y sin una buena RPT transmite ese calor hacia el interior. Para que el color y el brillo aguanten el sol intenso, las pinturas Qualicoat de clase 2 y 3 ofrecen una resistencia a la intemperie superior a la clase 1.
Humedad y salitre
PVC: el perfil no se corroe. El salitre no le afecta como material, lo cual es una ventaja real en primera línea. Sus puntos vulnerables son los componentes metálicos: el refuerzo interior de acero galvanizado, protegido dentro del perfil, y sobre todo los herrajes.
Aluminio: necesita un acabado adecuado (Seaside o anodizado de clase 20-25) y tornillería compatible, como hemos visto. Bien especificado, se comporta perfectamente en ambiente marino.
En los dos casos, el eslabón débil compartido son los herrajes: bisagras, cremonas y puntos de cierre. La norma UNE-EN 1670 clasifica su resistencia a la corrosión en grados, y el más alto, el grado 5, corresponde a 480 horas de ensayo en niebla salina. En la costa tiene sentido pedirlo, independientemente del material del perfil.
Mantenimiento y cuidado
La rutina es parecida para ambos materiales y bastante sencilla:
- Aclarar con agua dulce y jabón neutro varias veces al año, con más frecuencia en primera línea. En Málaga casi no llueve en verano, así que la sal se acumula sin que nada la arrastre. Las zonas protegidas bajo aleros y porches, a las que no llega la lluvia, son las que más la acumulan.
- Limpiar los orificios de drenaje del marco para que el agua salga.
- Revisar y lubricar los herrajes con productos adecuados.
- Comprobar las juntas de goma, que envejecen con el sol.
Diferencias concretas: el PVC no admite abrasivos ni disolventes. En el aluminio lacado tampoco deben usarse abrasivos, y cualquier rayadura que llegue al metal conviene retocarla pronto, porque es un punto de entrada para la corrosión filiforme. El anodizado se limpia con productos de pH neutro.
Vida útil real en la costa
No hay una cifra honesta que sirva para todos los casos, porque en la costa la durabilidad depende más de la especificación y del mantenimiento que del material en sí. Un PVC blanco de clase S con buenos herrajes y un aluminio con lacado Seaside y tornillería A4 son soluciones diseñadas para durar décadas.
Los fallos prematuros casi siempre tienen origen en un atajo: láminas oscuras sin reflectancia adecuada, refuerzos escasos, tornillos cincados, un lacador sin mención Seaside o herrajes estándar en primera línea de playa.
Precio
En términos generales, el PVC es más asequible. El aluminio con RPT, lacado Seaside y herrajes de alta resistencia a la corrosión es más caro, y la diferencia crece en grandes formatos. Sin embargo, algunos de esos grandes formatos solo son viables en aluminio.
Resumen comparativo
| PVC | Aluminio con RPT | |
|---|---|---|
| Conductividad térmica del material | 0,17 W/(m·K) | 160 W/(m·K), compensada con RPT |
| Dilatación térmica | 0,06-0,08 mm/m·°C | ≈ 0,024 mm/m·°C |
| Comportamiento con sal | El perfil no se corroe | Requiere lacado Seaside o anodizado clase 20-25 |
| Riesgo principal en la costa | Colores oscuros mal especificados | Tornillería incompatible y corrosión filiforme |
| Colores oscuros al sol | Con láminas reflectantes, refuerzo y límites de tamaño | Sin limitaciones estructurales |
| Grandes dimensiones y perfiles finos | Limitado | Su punto fuerte |
| Mantenimiento | Limpieza con agua y jabón neutro | Limpieza y retoque de rayaduras |
| Precio relativo | Más asequible | Más caro |
| Qué exigir | Clase S según UNE-EN 12608 | Certificado Qualicoat Seaside del lacador |
¿PVC o aluminio? Dónde tiene sentido cada uno
No hay un ganador universal. Cada material tiene su terreno.
Cuándo tiene más sentido el PVC
- Cuando la prioridad es el aislamiento con un presupuesto contenido.
- En ventanas y balconeras de tamaño medio, donde el refuerzo trabaja con holgura.
- En colores blancos o claros, o en fachadas poco expuestas al sol de tarde.
- En primera línea de playa, si el diseño lo permite: el perfil no se corroe y el salitre no le afecta como material. Los herrajes deben ser de alta resistencia.
- En viviendas donde se busca un mantenimiento mínimo y no se quiere depender de la calidad de un lacado.
Cuándo tiene más sentido el aluminio
- En grandes correderas y elevadoras, con hojas de gran peso y superficie que el PVC no puede resolver o resuelve con muchas limitaciones.
- Cuando se buscan perfiles finos y la máxima superficie de vidrio, algo muy habitual en villas con vistas al mar.
- En colores oscuros, como el antracita, en fachadas sur y oeste, donde el aluminio no tiene los condicionantes térmicos del PVC.
- En arquitectura contemporánea que exige continuidad de acabados con barandillas, pérgolas o revestimientos metálicos.
- Siempre que se especifique correctamente para el mar: lacado Seaside o anodizado de clase 20-25, RPT y tornillería A4 aislada.
La vía intermedia: sistemas mixtos PVC-aluminio
Existen sistemas que combinan un cuerpo de PVC, que aporta el aislamiento, con un revestimiento exterior de aluminio, que aporta rigidez visual, color y resistencia al sol. Pueden ser una buena solución cuando se quiere un exterior oscuro con prestaciones térmicas de PVC. La parte de aluminio, eso sí, sigue expuesta al mar y necesita la misma especificación de acabado.
Qué pedir por escrito antes de firmar un presupuesto
Si es PVC:
- Perfiles conformes a la UNE-EN 12608, clase S (clima severo).
- Refuerzo según las tablas del fabricante para la medida y el color de cada hoja.
- En colores oscuros, lámina con pigmentos reflectantes y confirmación de que las dimensiones están dentro de los límites del sistema.
- Holguras de instalación adecuadas y fijaciones que permitan la dilatación.
Si es aluminio:
- Certificado Qualicoat del lacador con mención Seaside en vigor, o anodizado Qualanod de clase 20 o 25.
- Rotura de puente térmico en el sistema.
- Tornillería de acero inoxidable A4 con separación eléctrica respecto al perfil.
En ambos casos:
- Herrajes de grado 5 de resistencia a la corrosión según la UNE-EN 1670.
- Instrucciones de mantenimiento por escrito, adaptadas a la distancia al mar.
Preguntas frecuentes
¿Las ventanas de PVC blancas amarillean con el sol de la costa?
Un perfil de calidad fabricado para clima severo (clase S según la UNE-EN 12608) está formulado y ensayado para resistir la radiación ultravioleta intensa sin cambios de color relevantes. El amarilleo que muchos recuerdan se asocia a formulaciones antiguas o de baja calidad. Por eso conviene pedir la clase S de forma explícita en el presupuesto.
¿Se pueden poner ventanas de PVC en color antracita en una fachada orientada al sur?
Sí, pero con condiciones. La lámina debe llevar pigmentos reflectantes del infrarrojo, el refuerzo debe ajustarse a las tablas del fabricante para ese color y las dimensiones de las hojas deben estar dentro de los límites que el sistema admite para colores oscuros. Si alguna de esas condiciones no se cumple, en una fachada sur o oeste de la Costa del Sol es más prudente elegir aluminio o un sistema mixto con exterior de aluminio.
¿Se oxida el aluminio lacado en primera línea de playa?
El aluminio no se oxida como el hierro, pero en primera línea puede sufrir corrosión por picaduras, corrosión filiforme bajo la pintura y corrosión galvánica en los puntos de contacto con tornillería de otros metales. Con un lacado de un aplicador con certificación Qualicoat Seaside, tornillería inoxidable A4 aislada del perfil y un mantenimiento básico con agua dulce, el aluminio se comporta bien junto al mar.
¿Qué diferencia hay entre Qualicoat y Qualicoat Seaside?
Qualicoat es el sello general de calidad del lacado de aluminio para arquitectura y exige, entre otras cosas, un decapado previo de al menos 1,0 g/m². Seaside es una mención adicional para zonas costeras que duplica esa exigencia hasta los 2,0 g/m² (o admite un preanodizado de 4 a 10 micras) y obliga a superar ensayos periódicos de corrosión filiforme de 1.000 horas. Seaside se concede al lacador, así que lo que debe pedirse es su certificado.
¿Qué tornillos hay que usar en ventanas de aluminio cerca del mar?
Tornillería de acero inoxidable A4 (AISI 316), con arandelas o casquillos aislantes que eviten el contacto eléctrico directo con el aluminio. Los tornillos de acero cincado o bicromatado deben descartarse en la costa: se corroen y, además, favorecen la corrosión galvánica del perfil.
¿Qué aísla más en Málaga, el PVC o el aluminio con rotura de puente térmico?
Como material, el PVC aísla mucho más: su conductividad térmica es de 0,17 W/(m·K), frente a los 160 W/(m·K) del aluminio. La rotura de puente térmico reduce mucho esa diferencia en la ventana terminada. En zona climática A, como Málaga capital, ambos cumplen con holgura el límite de transmitancia del Código Técnico (2,70 W/(m²·K) para huecos). En verano, el tipo de vidrio y su factor solar influyen tanto como el marco.
¿El salitre afecta a las ventanas de PVC?
Al perfil de PVC, no: el material no se corroe. Sí afecta a sus componentes metálicos, sobre todo a los herrajes. En la costa conviene elegir herrajes de grado 5 de resistencia a la corrosión según la UNE-EN 1670 y aclararlos con agua dulce de forma periódica.
¿Cada cuánto hay que limpiar las ventanas en la costa?
No existe una frecuencia única, pero en la Costa del Sol lo razonable es aclarar perfiles y herrajes con agua dulce y jabón neutro varias veces al año, y con más frecuencia en primera línea. Hay que prestar especial atención a las zonas bajo aleros y porches, donde la lluvia no llega y la sal se acumula. Vale para el PVC y para el aluminio.



