Es una de las sorpresas más habituales entre quienes se instalan en la Costa del Sol después de vivir en un país más frío. Se llega con la idea de que en el sur de España hace buen tiempo todo el año, y el primer invierno trae una contradicción difícil de entender: fuera, un mediodía de enero a pleno sol; dentro, una casa en la que hace falta jersey, manta y calcetines gruesos. No es raro oír a alguien decir que en su país pasaba menos frío en casa que aquí.
No es una impresión ni una exageración. Ese frío tiene causas físicas concretas, casi todas medibles, y entenderlas es el primer paso para resolverlo sin gastar dinero donde no hace falta.
La respuesta corta: muchas viviendas de la costa se construyeron pensando en el calor del verano, no en el frío del invierno. Tienen muros pesados sin aislamiento que tardan en calentarse, suelos cerámicos o de piedra que roban calor al contacto, rendijas por las que entra aire y, con mucha frecuencia, ventanas con vidrio simple o marcos de aluminio sin rotura de puente térmico, que se convierten en la superficie más fría de la habitación. Además, la calefacción central nunca fue lo habitual en el sur. El termómetro de la calle marca temperaturas suaves, pero la casa no está preparada para conservar el calor que se produce dentro.
A partir de aquí, el detalle: por qué ocurre cada cosa, qué dice la normativa para Málaga y qué medidas ayudan de verdad, por orden de eficacia.
Contenido del artículo
Casas pensadas para el verano
Para entender el frío de enero hay que empezar por agosto. Según los valores climatológicos normales de AEMET para el observatorio de Málaga Aeropuerto (periodo 1981-2010), la temperatura media de enero es de 12,1 °C, con una mínima media de 7,4 °C y una máxima media de 16,8 °C. Son cifras suaves, y precisamente por eso durante décadas el esfuerzo constructivo se centró en protegerse del sol, no en retener el calor.
Inercia térmica: la aliada de agosto que juega en contra en enero
Las casas tradicionales del sur se construían con materiales pesados: muros gruesos de ladrillo, piedra o bloque, forjados de hormigón y suelos cerámicos o de mármol. Esos materiales tienen mucha inercia térmica: acumulan gran cantidad de calor y tardan mucho en cambiar de temperatura.
En verano es una ventaja clara. La masa de la casa absorbe el calor del día con lentitud y mantiene el interior más fresco que la calle durante las horas centrales.
En invierno, el mismo mecanismo funciona al revés. Tras varios días de noches frescas, toda esa masa se enfría y se queda fría. Al encender un radiador o una bomba de calor, el aire se calienta en poco tiempo, pero paredes, techos y suelos siguen fríos durante horas, o durante días. El aire puede estar a 20 °C y, aun así, la sensación es de frío, porque el cuerpo pierde calor por radiación hacia todas esas superficies. Si además la calefacción se enciende solo un rato por la tarde, la masa nunca llega a calentarse del todo.
Hay otro matiz: al mediodía de un día soleado, fuera se puede estar mejor que dentro. La calle recibe sol directo; una vivienda orientada al norte, o con las persianas bajadas por costumbre, sigue a la temperatura de su masa fría.
Por qué la calefacción central nunca fue la norma en el sur
En el norte de Europa, la calefacción central forma parte de la vivienda desde su diseño: la temporada fría es larga y no hay alternativa. En la costa malagueña, con inviernos cortos y temperaturas medias suaves, la lógica fue distinta. Durante mucho tiempo, promotores y compradores dieron prioridad a lo que se nota al vender una casa en el sur: terrazas, vistas, frescor en verano y, más tarde, aire acondicionado. Una instalación de calefacción para pocas semanas al año no se veía como una prioridad.
El resultado es un parque de viviendas en el que lo habitual son sistemas puntuales (radiadores eléctricos, estufas, splits con bomba de calor) que calientan una habitación durante unas horas, pero no mantienen el conjunto de la casa a temperatura estable. En una vivienda con mucha masa y poco aislamiento, esa forma de calentar es la menos eficaz posible.
Lo que exigían (y lo que no) las normas de construcción
La normativa explica buena parte del problema:
- Antes de 1979 no existía en España ninguna norma de aislamiento térmico de obligado cumplimiento. La primera fue la NBE-CT-79, aprobada por el Real Decreto 2429/1979. Cualquier vivienda proyectada antes se construyó sin exigencias térmicas.
- La primera versión del Código Técnico de la Edificación (CTE), de 2006, seguía siendo muy permisiva en la zona climática de Málaga. En su tabla 2.1, la transmitancia térmica máxima admitida en la zona A para «vidrios y marcos» era de 5,70 W/(m²·K), y la de muros de fachada, de 1,22 W/(m²·K). Ese valor de 5,70 coincide con el de una ventana de aluminio sin rotura de puente térmico con vidrio simple, según la guía técnica del IDAE que citamos más abajo. Otros requisitos del mismo documento podían resultar más exigentes según la proporción de huecos de cada fachada, pero ese era el techo para cualquier ventana.
- Hoy la exigencia es bastante mayor. El DB-HE vigente (versión consolidada con el Real Decreto 450/2022) limita la transmitancia de los huecos en la zona A a 2,70 W/(m²·K) y la de muros y suelos en contacto con el aire exterior a 0,70 W/(m²·K).
Dicho de otra forma: una casa de la costa proyectada antes de 1979 no tuvo que cumplir ninguna exigencia de aislamiento, y una proyectada con la primera versión del CTE pudo llevar ventanas que hoy no cumplirían ni de lejos el límite vigente.
La zona climática A3: qué exige el Código Técnico en Málaga
El CTE divide el territorio en zonas climáticas identificadas con una letra y un número. La letra indica la severidad del invierno (de α, la más suave, a E, la más fría); el número, la del verano (de 1 a 4). Según la tabla a-Anejo B del DB-HE, la zona depende de la provincia y de la altitud: en la provincia de Málaga, las localidades situadas a menor altitud, como las del litoral, están en la zona A3, y a medida que se sube hacia el interior la zona pasa a B3, C3 y D3.

A3 significa, por tanto, invierno suave y verano caluroso. Estos son los valores límite de transmitancia térmica que fija el DB-HE vigente (tabla 3.1.1.a-HE1) para la zona A:
| Elemento de la envolvente | Transmitancia máxima (Ulim) en zona A |
|---|---|
| Muros y suelos en contacto con el aire exterior | 0,70 W/(m²·K) |
| Cubiertas en contacto con el aire exterior | 0,50 W/(m²·K) |
| Huecos (marco, vidrio y, en su caso, cajón de persiana) | 2,70 W/(m²·K) |
Además, la tabla 3.1.3.a-HE1 limita la permeabilidad al aire de las ventanas en la zona A a 27 m³/h·m² medidos a 100 Pa, lo que corresponde a la clase 2 de la norma UNE-EN 12207.
Qué significa esto en la práctica:
- Son mínimos, no objetivos. Una ventana de 2,70 W/(m²·K) cumple la ley, pero sigue estando claramente más fría que una pared bien aislada. La propia tabla lo refleja: el límite para los huecos es casi cuatro veces más alto que el de los muros.
- En reformas, el límite se aplica a lo que se cambia. El DB-HE establece que, en una reforma, los valores de la tabla se aplican a los elementos que se sustituyan, incorporen o modifiquen sustancialmente. Si se cambian las ventanas, las nuevas deben cumplir los 2,70 W/(m²·K).
- Los límites no garantizan confort en una casa antigua. Solo afectan a lo que se construye o se renueva. Una vivienda de los años setenta u ochenta sin reformar puede tener muros, cubiertas y ventanas muy por encima de estos valores.
Los requisitos de marcado CE, transmitancia Uw y documentación técnica para proyectos profesionales se resumen en la página Para arquitectos y promotores.
Ventanas y puentes térmicos: por qué la ventana es el punto más frío
En la mayoría de las casas de la costa, la ventana es el elemento de la envolvente que peor aísla por metro cuadrado. No es el único origen del frío, pero sí el lugar donde se concentra: por su baja resistencia térmica, por las juntas y rendijas y por los encuentros con el muro. Por eso merece un análisis más detallado.
Qué es un puente térmico
Un puente térmico es una zona de la envolvente por la que el calor escapa con mucha más facilidad que por el resto: un material conductor que atraviesa el aislamiento, un encuentro mal resuelto entre dos elementos o un cambio de geometría. En una casa, los más típicos están en los frentes de forjado, los pilares de fachada, las esquinas y, sobre todo, alrededor y a través de las ventanas.
Un puente térmico tiene dos consecuencias: la casa pierde más calor y, en esa zona, la superficie interior está más fría que en el resto. Esa segunda consecuencia es la que se nota al tacto, la que crea sensación de corriente y la que provoca condensación.
El marco: aluminio, aluminio con RPT y PVC
El material del marco importa porque su conductividad térmica es muy diferente. Según el Catálogo de Elementos Constructivos del CTE, las aleaciones de aluminio tienen una conductividad de 160 W/(m·K) y el PVC, de 0,17 W/(m·K): el aluminio conduce el calor casi mil veces mejor.
Por eso un marco de aluminio macizo, sin interrupción entre la cara exterior y la interior, es un puente térmico de manual: el frío de fuera llega casi sin pérdidas a la cara interior del perfil. La guía técnica del IDAE sobre acristalamiento toma para estos marcos metálicos una transmitancia de referencia de 5,7 W/(m²·K).
La rotura de puente térmico (RPT) resuelve esa continuidad. Consiste en separar la parte exterior del perfil de la interior mediante pletinas de un material poco conductor, normalmente poliamida reforzada con fibra de vidrio (0,30 W/(m·K) según el mismo Catálogo del CTE). El aluminio deja de ser un camino directo para el calor. Según la guía del IDAE, un marco metálico con RPT se sitúa entre 4 y 2,5 W/(m²·K), en función de la anchura de esa separación, y los perfiles de PVC, entre 2,2 y 1,0 W/(m²·K), según el número de cámaras.
La comparación detallada entre aluminio con RPT y PVC en la costa, incluyendo la dilatación con el sol y la corrosión junto al mar, está en nuestro artículo Aluminio o PVC en la costa. Para el tema de este artículo basta con una idea: un aluminio sin RPT es frío en invierno; un aluminio con RPT o un PVC de calidad, no.

El vidrio: simple, doble y bajo emisivo
El vidrio ocupa la mayor parte de la superficie de una ventana, así que su papel es aún más importante que el del marco. Estos son los valores de referencia de la guía del IDAE:
- Vidrio simple (monolítico): en torno a 5,7 W/(m²·K), prácticamente con independencia del espesor. Un cristal de 4 mm y uno de 8 mm aíslan casi lo mismo.
- Doble acristalamiento o unidad de vidrio aislante (UVA): dos vidrios separados por una cámara de aire seco y estanco. El aire quieto conduce muy mal el calor, y la transmitancia baja a 3,3 W/(m²·K) en la composición más básica (4-6-4, es decir, vidrio de 4 mm, cámara de 6 mm y vidrio de 4 mm) y a unos 2,7 W/(m²·K) con una cámara de 16 mm. Ampliar la cámara mejora el resultado hasta unos 17 mm; por encima, el aire empieza a moverse dentro y la mejora desaparece.
- Doble acristalamiento con vidrio bajo emisivo: uno de los vidrios lleva una capa de óxidos metálicos de espesor nanométrico que refleja hacia el interior buena parte del calor radiante de la habitación. Con una cámara de 16 mm, la transmitancia baja a 1,3 W/(m²·K). Es un salto que no se consigue solo ensanchando la cámara.
En resumen: pasar de vidrio simple a un doble acristalamiento bajo emisivo reduce la transmitancia del vidrio a menos de una cuarta parte.

Tabla comparativa: la ventana completa
Marco y vidrio trabajan juntos. La guía del IDAE calcula la transmitancia de la ventana completa para una ventana tipo de 1,2 × 1,2 m, con un 30 % de marco y un 70 % de vidrio:
| Combinación | Transmitancia de la ventana (W/m²·K) | ¿Cumple el límite de la zona A (2,70)? |
|---|---|---|
| Aluminio sin RPT + vidrio simple | 5,7 | No |
| Aluminio sin RPT + doble 4-16-4 | 3,8 | No |
| Aluminio sin RPT + doble 4-16-4 bajo emisivo | 2,7 | Justo en el límite |
| Aluminio con RPT + doble 4-16-4 | 3,1 | No |
| Aluminio con RPT + doble 4-16-4 bajo emisivo | 2,1 | Sí |
| PVC (5 cámaras) + vidrio simple | 4,4 | No |
| PVC (5 cámaras) + doble 4-16-4 bajo emisivo | 1,5 | Sí |
Valores de la guía del IDAE para un marco con RPT de 12 mm o más (3,0 W/m²·K) y un marco de PVC de 5 cámaras (1,3 W/m²·K). Los sistemas actuales de gama alta pueden mejorar estas cifras.
La tabla deja dos conclusiones útiles. La primera: cambiar solo el vidrio sobre un marco de aluminio sin RPT tiene un techo claro; incluso con el mejor doble acristalamiento de la tabla, la ventana se queda en el límite legal y el marco sigue siendo una franja fría. La segunda: un buen marco con vidrio simple tampoco resuelve el problema, porque la mayor parte de la superficie sigue siendo vidrio frío.
Cuánto se enfría la superficie del cristal
La transmitancia es un número abstracto; la temperatura de la superficie interior, no. Es lo que se siente al acercar la mano al cristal o al sentarse junto a él.
Con un cálculo simplificado, en régimen estacionario y con la resistencia superficial interior de 0,13 m²·K/W que recoge el documento de apoyo DA DB-HE/1 para cerramientos verticales, puede estimarse la temperatura de la cara interior del vidrio. Supongamos 20 °C dentro y 7,4 °C fuera, que es la temperatura mínima media de enero en Málaga Aeropuerto según AEMET:
| Tipo de vidrio | Transmitancia (W/m²·K) | Temperatura estimada de la cara interior |
|---|---|---|
| Vidrio simple | 5,7 | ≈ 10,7 °C |
| Doble 4-6-4 | 3,3 | ≈ 14,6 °C |
| Doble con cámara de 16 mm | 2,7 | ≈ 15,6 °C |
| Doble bajo emisivo con cámara de 16 mm | 1,3 | ≈ 17,9 °C |
Estimación propia a partir de los valores de transmitancia del IDAE. Es un cálculo en el centro del vidrio; en los bordes y en los marcos metálicos sin RPT la superficie está todavía más fría.

Un marco de aluminio sin RPT, con una transmitancia de referencia de 5,7 W/(m²·K), se queda en torno a los mismos 10,7 °C que el vidrio simple.
Por qué una superficie a 11 °C se nota aunque el aire esté a 20 °C. El cuerpo no solo intercambia calor con el aire, sino también, por radiación, con todas las superficies que lo rodean. Por eso en confort térmico se habla de temperatura operativa. Según la Nota Técnica de Prevención 501 del INSST, cuando el aire se mueve poco (menos de 0,2 m/s), esa temperatura puede calcularse con suficiente aproximación como la media entre la temperatura del aire y la temperatura radiante media de las superficies. Un gran ventanal de vidrio simple a 11 °C tira hacia abajo de esa media: el termostato marca 20 °C, pero quien está sentado a un metro del cristal percibe bastante menos.
A eso se suma un efecto que muchos confunden con una corriente de aire: el aire que toca el vidrio frío se enfría, se vuelve más denso y cae hacia el suelo, formando una corriente descendente que se reparte por la habitación a la altura de los pies. Con la ventana bien cerrada y sin una sola rendija, sigue pareciendo que «entra aire».
Condensación y moho: la otra cara de una superficie fría
Cuando el aire húmedo de una habitación toca una superficie que está por debajo de su punto de rocío, el vapor se condensa. La guía del IDAE lo dice de forma explícita al describir las ventanas con vidrio simple: en las horas más frías es normal que aparezcan condensaciones sobre el vidrio.
Con la fórmula de presión de saturación del documento de apoyo DA DB-HE/2 del CTE, el cálculo es sencillo: con aire interior a 20 °C y un 60 % de humedad relativa, el punto de rocío está en unos 12,0 °C. Un vidrio simple a unos 10,7 °C queda por debajo: gotea. Un doble acristalamiento bajo emisivo a unos 17,9 °C, no.
Para el moho no hace falta llegar a ver gotas. El DA DB-HE/2 fija un criterio simplificado para limitar las condensaciones superficiales: la humedad relativa media mensual sobre la superficie no debe superar el 80 %. Con esas mismas condiciones interiores, eso ocurre en cualquier superficie por debajo de unos 15,4 °C. Es decir, marcos de aluminio sin RPT, vidrios simples, jambas frías y esquinas mal aisladas son candidatos naturales a la mancha negra, aunque nunca se vea agua.

Cajones de persiana, premarcos y encuentros con el muro
Una ventana no termina en el marco. Lo que la rodea también cuenta, y en las casas de la costa hay tres puntos habituales:
- El cajón de persiana (capialzado). Es una caja hueca situada encima de la ventana, a menudo con una tapa fina de madera o PVC y sin aislamiento. Es a la vez un puente térmico y una vía de entrada de aire. El DB-HE lo reconoce al incluir el cajón de persiana tanto en la transmitancia del hueco como en su permeabilidad al aire.
- El premarco metálico y la junta perimetral. Si la unión entre ventana y obra se rellenó sin cuidado, o la espuma y los sellados se han degradado, queda un perímetro por el que entra aire y se pierde calor.
- Las jambas, el alféizar y el dintel. Si el muro no tiene aislamiento, o el aislamiento se interrumpe en el hueco, el contorno de la ventana está más frío que el resto de la pared. Es donde suele aparecer el moho en primer lugar.
Por eso cambiar una ventana por otra excelente sin resolver el cajón, las juntas y el encuentro con el muro deja parte del problema en su sitio.
Otros factores que también cuentan
Las ventanas concentran el frío, pero no lo explican todo. En muchas casas, el resto de la envolvente pesa tanto o más, sobre todo cuando la superficie acristalada es pequeña.
Muros sin aislamiento
Una vivienda construida sin exigencias térmicas puede tener muros de ladrillo o bloque con una cámara de aire vacía, o sin cámara alguna. Un muro así pierde mucho más calor por metro cuadrado que uno aislado y, sobre todo, tiene su cara interior más fría. En una casa en esquina, en un ático o en una vivienda aislada con cuatro fachadas y cubierta, la superficie de muro y techo expuesta al exterior es enorme, y su efecto acumulado puede superar al de las ventanas.
La cubierta merece mención aparte. En una vivienda unifamiliar o en un último piso, un techo sin aislamiento es una gran superficie fría encima de la cabeza durante toda la noche.
Suelos de cerámica, mármol y piedra
Los suelos de la costa son otro factor que quien viene de un país con tarima o moqueta nota enseguida. La diferencia está en la conductividad térmica de los materiales. Según el Catálogo de Elementos Constructivos del CTE:
| Material de suelo | Conductividad térmica (W/m·K) |
|---|---|
| Mármol | 3,50 |
| Baldosa cerámica | 1,00 |
| Madera frondosa de peso medio | 0,18 |
| Moqueta o revestimiento textil | 0,06 |
Cuanto más conductor es un material, más rápido extrae calor de la piel. Por eso, a la misma temperatura, el mármol «se siente» mucho más frío que la madera. La NTP 501 del INSST lo refleja en sus rangos de temperatura de suelo recomendados para personas descalzas: para el mármol, entre 28 y 29,5 °C; para la madera de pino, entre 22,5 y 28 °C; y para los textiles, entre 21 y 28 °C. Un suelo de mármol a 18 °C, algo muy normal en una planta baja en enero, queda muy lejos de su rango de confort.
Si la vivienda está en planta baja sobre un forjado sin aislar, o directamente sobre el terreno, el suelo pierde calor también hacia abajo.
Corrientes de aire: puertas, cajones de persiana y rendijas
Una casa con rendijas pierde el aire caliente y lo sustituye por aire exterior frío. Los puntos habituales son los ya mencionados cajones de persiana, las ventanas correderas antiguas con cepillos desgastados, las puertas de entrada y de terraza sin burletes, los pasos de instalaciones y las chimeneas sin cierre.
Además de la pérdida de calor, está la sensación: una corriente de aire en la nuca o en los tobillos genera incomodidad aunque la temperatura media sea razonable.
La humedad invernal de la costa
Según AEMET, la humedad relativa media en Málaga Aeropuerto es del 72 % en diciembre, del 69 % en enero y del 68 % en febrero (normales 1981-2010). Junto al mar, el aire del invierno es húmedo, y dentro de casa se suma el vapor que generan la ducha, la cocina, la respiración y la ropa tendida en el interior.
La humedad no enfría el aire por sí misma, pero influye en el frío de la casa de dos formas:
- Los materiales húmedos aíslan peor. La conductividad de los materiales de obra aumenta con su contenido de humedad; por eso el Catálogo de Elementos Constructivos del CTE aplica factores de corrección por humedad a sus valores de diseño. Un muro o un revestimiento que se mantiene húmedo pierde más calor.
- Con más humedad, las superficies frías condensan antes. Como hemos visto, cuanto más vapor contiene el aire, más alto es su punto de rocío y más superficies de la casa quedan por debajo de él. Paredes frías y húmedas, textiles que no terminan de secarse y olor a humedad forman parte de la sensación de «frío húmedo» que tantos describen en la costa.
Qué ayuda de verdad, por orden de eficacia
No existe una solución única, y el orden correcto depende de cada casa: no es lo mismo un piso de los años setenta con ventanas de aluminio y vidrio simple que una villa reciente con buenas ventanas y un suelo de mármol sobre un garaje. Esta secuencia sirve como guía general, de las medidas que suelen aportar más confort en relación con su coste y complejidad a las que dependen más de cada caso.
1. Diagnosticar antes de gastar
Antes de decidir nada, conviene saber de dónde viene el frío. Una revisión con cámara termográfica en un día frío, con la calefacción funcionando, muestra en pocos minutos los marcos fríos, los cajones de persiana, los puentes térmicos de forjados y pilares y las zonas de infiltración. Sin esa información es fácil invertir en la medida equivocada.
2. Sellar infiltraciones
Es la medida con mejor relación entre coste y efecto cuando hay rendijas evidentes: burletes en puertas y ventanas practicables, sustitución de cepillos gastados en correderas, sellado del perímetro entre marco y obra, cierre de pasos de instalaciones y chimeneas sin uso. Los cajones de persiana pueden aislarse y sellarse por dentro, con tapas registrables aisladas y juntas.
Un matiz importante: sellar no significa dejar de ventilar. Una casa estanca necesita renovar el aire para evacuar la humedad; si no, aumenta el riesgo de condensación. Ventilar unos minutos de forma intensa es más eficaz que dejar una ventana entreabierta durante horas.
3. Mejorar o sustituir las ventanas cuando son el punto débil
Si la vivienda tiene vidrio simple, aluminio sin RPT o correderas antiguas con holguras, las ventanas suelen ser la mejora con más impacto en el confort: sube la temperatura de las superficies, desaparecen la corriente descendente y la condensación, y se reducen las infiltraciones.
Para que funcione, la sustitución debe incluir:
- un marco con buen comportamiento térmico (aluminio con RPT o PVC);
- doble acristalamiento con vidrio bajo emisivo;
- una buena clase de permeabilidad al aire según la UNE-EN 12207;
- la resolución del cajón de persiana y del encuentro con el muro, no solo el cambio de la hoja.
Si las ventanas ya son de doble vidrio con marco aislante y la casa sigue fría, el problema está en otra parte, y cambiar de nuevo las ventanas no lo resolverá.
4. Aislar muros y cubierta
Es la medida de mayor alcance y, por lo general, la de mayor coste y complejidad. En una fachada puede aislarse por el exterior (el sistema más eficaz frente a los puentes térmicos, pero afecta a la estética del edificio y, en comunidades, requiere acuerdo), inyectando aislamiento en la cámara de aire si existe, o por el interior, con trasdosados que reducen algo de superficie útil. En viviendas unifamiliares y áticos, aislar la cubierta suele ser prioritario, porque es una de las superficies más expuestas.
Aislar tiene un efecto adicional en una casa con mucha masa: una vez caliente, esa masa ayuda a mantener una temperatura estable, en lugar de trabajar en contra.
5. Suelos: alfombras y aislamiento
Sobre un suelo de mármol o cerámica, una alfombra gruesa cambia por completo la sensación en la zona de estar y en el dormitorio: basta comparar la conductividad del mármol con la de un textil en la tabla anterior. En una reforma de planta baja, aislar bajo el pavimento o sobre el forjado del garaje o del sótano resuelve el problema de raíz.
6. Textiles y persianas: bien usados, ayudan
Unas cortinas gruesas y amplias, cerradas al anochecer, crean una cámara de aire delante del vidrio y reducen el efecto radiante de una ventana fría. Durante el día, lo contrario: con sol, persianas y cortinas abiertas en las fachadas sur y oeste, para que el sol de invierno caliente suelos y paredes. Es una medida sin coste, aunque no sustituye a una ventana en buen estado.
7. Calefacción adaptada a una casa con masa
En una vivienda con mucha inercia, calentar a ráfagas unas pocas horas es poco eficaz: la energía se va en calentar el aire, que se enfría enseguida contra paredes y suelos fríos. Funciona mejor un funcionamiento más continuo a temperatura moderada, que permita que la masa se temple. Si la casa tiene aire acondicionado con bomba de calor, usarlo en modo calefacción suele ser una opción más eficiente que los radiadores eléctricos de resistencia. En una reforma integral, el suelo radiante encaja especialmente bien con los pavimentos cerámicos o de piedra.
8. Controlar la humedad
Ventilar después de ducharse y de cocinar, usar el extractor, evitar tender la ropa dentro de casa y, en viviendas especialmente húmedas, recurrir a un deshumidificador. Un aire interior más seco condensa menos sobre las superficies frías y reduce el riesgo de moho.
Preguntas frecuentes
¿Por qué una casa en Málaga puede estar más fría por dentro que la calle?
Porque su masa de muros, forjados y suelos se ha enfriado durante noches sucesivas y tarda mucho en recuperar temperatura. Al mediodía, la calle recibe sol directo mientras el interior sigue a la temperatura de esa masa fría. Si la casa no tiene aislamiento ni calefacción continua, esa diferencia puede mantenerse durante todo el invierno.
¿Es normal que las ventanas tengan condensación en invierno en la costa?
En ventanas con vidrio simple o marcos de aluminio sin rotura de puente térmico, sí es habitual. Con aire interior a 20 °C y un 60 % de humedad relativa, el punto de rocío ronda los 12 °C, y un vidrio simple puede quedar por debajo en una noche normal de enero. Con doble acristalamiento bajo emisivo, la superficie interior del vidrio queda por encima de ese punto y la condensación desaparece salvo en situaciones de humedad muy alta.
¿Basta con cambiar el cristal y mantener el marco de aluminio antiguo?
Mejora la situación, pero tiene un techo. Según la guía técnica del IDAE, una ventana de aluminio sin rotura de puente térmico con el mejor doble acristalamiento bajo emisivo de su tabla se queda en 2,7 W/(m²·K), justo en el límite del Código Técnico para la zona A, y el marco sigue siendo una franja fría con riesgo de condensación. Además, los marcos antiguos no siempre admiten el espesor de un doble acristalamiento.
¿Qué transmitancia deben tener las ventanas en Málaga según el Código Técnico?
En la zona climática A, que incluye el litoral malagueño, el DB-HE vigente fija un máximo de 2,70 W/(m²·K) para el conjunto del hueco (marco, vidrio y, en su caso, cajón de persiana) y una permeabilidad al aire máxima de 27 m³/h·m², equivalente a la clase 2 de la UNE-EN 12207. En reformas, estos valores se aplican a las ventanas que se sustituyan.
¿Son frías las ventanas de aluminio?
Depende de si tienen rotura de puente térmico. Un marco de aluminio sin RPT tiene una transmitancia de referencia de 5,7 W/(m²·K) según el IDAE, igual que un vidrio simple, y su cara interior se enfría mucho. Con RPT, el mismo tipo de marco baja a valores de entre 4 y 2,5 W/(m²·K) según la anchura de la separación, y los sistemas actuales de gama alta pueden mejorar esas cifras.
¿Merece la pena aislar las paredes en un clima tan suave?
En muchas casas, sí. La suavidad del clima reduce la cantidad de energía necesaria, pero no cambia la física: un muro sin aislar tiene su cara interior fría, y esa superficie fría rebaja la temperatura que se percibe y favorece la condensación. El aislamiento también ayuda en verano, porque reduce la entrada de calor. Si compensa frente a otras medidas depende de cada vivienda, y por eso conviene diagnosticar antes.
¿Por qué el suelo de mármol se siente tan frío aunque la casa esté a 20 °C?
Porque el mármol conduce muy bien el calor: según el Catálogo de Elementos Constructivos del CTE, su conductividad es de 3,50 W/(m·K), frente a 0,18 de una madera frondosa de peso medio. Al pisarlo, extrae calor del pie mucho más deprisa. La NTP 501 del INSST sitúa la temperatura de suelo recomendable para el mármol, para personas descalzas, entre 28 y 29,5 °C, muy por encima de la que tiene un suelo sin calefacción en invierno.
¿La calefacción resuelve el problema por sí sola?
Solo en parte. En una casa sin aislamiento, con ventanas frías e infiltraciones, la calefacción calienta el aire, pero las superficies siguen frías y el calor se escapa con rapidez. El resultado es mucho consumo para un confort limitado. La calefacción rinde de verdad cuando la envolvente, es decir, ventanas, muros, cubierta y suelos, es capaz de conservar el calor que produce.
Fuentes
- AEMET. Valores climatológicos normales, Málaga Aeropuerto (1981-2010)
- Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana. Código Técnico de la Edificación, Documento Básico HE Ahorro de energía (texto consolidado, modificación por el Real Decreto 450/2022, de 14 de junio)
- Ministerio de Vivienda. Código Técnico de la Edificación, Documento Básico HE Ahorro de energía, versión de febrero de 2006
- BOE. Real Decreto 2429/1979, de 6 de julio, por el que se aprueba la norma básica de edificación NBE-CT-79, sobre condiciones térmicas en los edificios
- IDAE. Guía técnica «Soluciones de acristalamiento y cerramiento acristalado» (Guías IDAE, n.º 5, edición de febrero de 2019)
- Catálogo de Elementos Constructivos del CTE (versión 6.3, marzo de 2010)
- Documento de Apoyo DA DB-HE/1. Cálculo de parámetros característicos de la envolvente (enero de 2020)
- Documento de Apoyo DA DB-HE/2. Comprobación de limitación de condensaciones superficiales e intersticiales en los cerramientos (octubre de 2013)
- INSST. NTP 501: Ambiente térmico: inconfort térmico local
Las temperaturas superficiales, el punto de rocío y los cocientes citados son cálculos propios a partir de estas fuentes.


